Miguel Indurain y sus 5 Tour

PRIMER TOUR. 1991.

Tanto Greg Lemond, que había ganado tres Tour (los dos últimos consecutivos), como Claudio Chiappucci se presentaban como los grandes favoritos para el triunfo final en julio de 1991. Cuando Miguel Indurain ganó la octava etapa, una contrarreloj en Aleçon, de 73 kilómetros de recorrido, apenas inquietó a un Lemond que se mantenía líder en la general, con 2,17 minutos de diferencia sobre un corredor navarro al que presumiblemente ganaría más tiempo en la montaña.

Pocos días después, en el terreno en el que menos se le esperaba, en la alta montaña, saltó la sorpresa. Fue en la decimotercera etapa, en la que Indurain y Chiappucci emprendieron una escapada en el descenso del Tourmalet, cuando faltaban 60 kilómetros para la meta en Val-Louron. El italiano se hizo con la etapa, mientras el español se vestía de amarillo por primera vez, luciendo un color que mantendría durante los siguientes cinco años.

Pocos días después, en los Alpes llegó una de las etapas más duras, en la que Gianni Bugno, segundo en la general, puso toda la carne en el asador para arrebatarle el liderato. Sin embargo, lejos de mermar al líder, la etapa de Alpe D’Huez consolidó a Miguel en su camino hacia París.

En la última contrarreloj del Tour, en las afueras de París, Indurain volvió a imponerse con claridad, sacando 27 segundos a Bugno, 48 a Lemond y 50 a Chiappucci. De esta forma llegaba a los Campos Elíseos con la tranquilidad suficiente para saborear un triunfo épico que llenó el centro de la ciudad de banderas de España y de Navarra.

La felicidad de Miguel, flanqueado en el podio por Bugno y Chiappucci, fue completa porque su Banesto se coronaba también ganador por equipos, un reconocimiento al esfuerzo de todos los compañeros que le habían respaldado durante todo el recorrido.

 

SEGUNDO TOUR. 1992

Si el año anterior Miguel Indurain aparecía como un ‘tapado’, en 1992, tras haber ganado la anterior edición del Tour y el último Giro de Italia, se presentaba como el gran favorito para el triunfo. Sin dejar espacio para las dudas, Miguel se enfundó el maillot amarillo desde el primer día, en una etapa prólogo disputada en San Sebastián.

Gianni Bugno, que había compartido podio con Miguel en la edición anterior, volvió a ser el principal rival. El italiano intentó quemar a Indurain en todos los terrenos, pero en ningún momento logró alterar el orden de la carrera. De hecho, la contrarreloj de la novena etapa, disputada en Luxemburgo, aumentó las diferencias, dejando prácticamente sentenciada la prueba. Bugno entró a 3,41 de Miguel y Chiappucci a 5,26.

El tiempo que consiguió recortar Chiappucci en las etapas de montaña no permitió a Indurain bajar los brazos en ningún momento. En Sestrieres (Italia) el escalador realizó una exhibición ante su público, pero sólo sirvió para distanciar a otros rivales, demostrando que Miguel cada vez se mostraba más fuerte en la montaña.

La carrera tuvo su desenlace en una nueva contrarreloj, entre Tours y Blois, en la que Indurain sacó casi 3 minutos al único corredor que podía hacerle sombra en la general, Chiappucci. Al final, en el podio de París, el tercer clasificado, Gianni Bugno, estaba a más de 10 minutos de diferencia, lo que dejaba constancia de la autoridad del navarro.

 

TERCER TOUR. 1993

Un nuevo triunfo en el Giro de Italia, en la edición de 1993, situaba de nuevo a Indurain un escalón por encima del resto de los corredores en la salida del Tour. En la etapa prólogo, en Le Pui du Fou, puso los fundamentos con una contrarreloj en la que aventajó en 8 segundos a Zulle y en 11 a Bugno, sus dos grandes rivales en la edición anterior.

La carrera siguió su curso hasta llegar a la novena etapa, con una contrarreloj en Lac Madine que superó las espectativas. El campeón navarro dejó al resto de los corredores a más de dos minutos, lo que iba cerrando las opciones para gran parte de los favoritos. Entre los pocos que resistieron la embestida de Indurain se encontraba Tony Rominger, quien al día siguiente quiso probar la resistencia del líder en Los Alpes, donde se impuso en Serre Chevalier. Pero lejos de acabar con el navarro, lo único que consiguió es despejar la clasificación de oponentes, facilitando el trabajo a un Banesto que se centró en vigilar al suizo.

Rominger buscó de nuevo el maillot amarillo atacando en Los Pirineos, aunque el resultado volvió a ser el mismo, ya que a sus bruscos cambios de ritmo respondía el navarro con un ligero aumento de ritmo que terminaba reduciendo cualquier diferencia a medio plazo.

La sorpresa en este tercer Tour de Miguel saltó en la contrarreloj final, entre Bretigny y Montlhery. A medida que se iban conociendo los tiempos intermedios, el líder de la prueba no figuraba entre los primeros. Las diferencias no iban a cambiar el resultado final, pero todo hacía presagiar que el ocaso de Indurain estaba cerca, que ya no era imbatible en las cronos. Sin embargo, una vez terminada la prueba se supo que la noche anterior apenas había dormido y que corrió con casi 40 grados de fiebre.

La dolencia de Indurain remitió al día siguiente, cuando la carrera ya se dirigía a los Campos Elíseos. La noticia sobre la gesta de la contrarreloj perdida desalentó a todos los rivales. ¿Si estando enfermo es capaz de mantenerse entre los mejores qué ocurrirá cuando esté sano? Las diferencias en el crono demostraban la lejanía del podio para los rivales. Rominger terminó el Tour a 4,59 y Zenon Jaskula a 5,48.

Este tercer Tour de Miguel Indurain supuso una nueva marca en su palmarés particular. Lograba el segundo ‘doblete’ Giro-Tour consecutivo. Fausto Coppi, Bernard Hinault y Eddy Merckx (que consiguió tres) ya lo habían sumado anteriormente ambos títulos, pero ninguno de forma consecutiva.

 

CUARTO TOUR. 1994

Pese a la exhibición del año anterior, los resultados de Miguel en los meses previos al Tour de 1994 hacían presagiar una carrera muy complicada. El tercer puesto en el Giro, en el que no consiguió ganar ninguna etapa, hacía dudar de las posibilidades del campeón navarro.

Junto a los discretos resultados en carreras anteriores, también estaba el diseño de un Tour que no favorecía en nada a Indurain. La organización de la prueba francesa necesitaba romper la monotonía de los últimos años y se esforzó en dibujar etapas abruptas, que impidieran relajarse al previsible líder.

La labor del equipo también mejoró en esta edición. Hasta la fecha apenas sobresalía en la contrarreloj por equipos, pero en la quinta etapa Banesto quedó segundo, sacándole 24 segundos al Mapei de Rominger, quien se presentaba como el principal rival de Miguel.

En la contrarreloj de la segunda semana de carrera, entre Perigueux y Bergerac, el líder de la prueba volvió a demostrar su superioridad. Los malos tiempos del Giro quedaban atrás, tanto como un Rominger al que superó en dos minutos o un Bjarne Riis al que superó en 5,33 minutos.

Las distancias de esa jornada llevaron a muchos corredores a poner su objetivo en Hautacam, en una etapa de montaña en la que podían desgastar al navarro. Lejos de conceder la iniciativa a los rivales, Indurain decide atacar y se queda sólo con Leblanc en un ascenso en el que cede la victoria al francés.

Tras la consolidación de su liderazgo, Miguel aprovechó el tirón de Virenque para despejar la clasificación general. El escalador francés destrozó el pelotón en Luz Ardiden, en una jornada en la que sólo el ciclista de Banesto logró seguir su rueda. Ugrumov, Zulle o Rominger volvían a quedar por detrás.

La cronoescalada de Cluses, en la decimoctava etapa, apenas sirvió para definir los puestos segundo y tercero del podio. Ugrumov se hizo con el triunfo, pero veía el maillot amarillo a más de cinco minutos de diferencia. El tercer clasificado de ese año, el fallecido Marco Pantani, se presentó en París a 7,19 minutos de diferencia. Pese a todos los obstáculos por parte de la organización, Indurain volvía a presentarse como el mejor ciclista de la década. Sumaba su cuarto Tour consecutivo, una hazaña que le reservaba un lugar de honor en la prueba.

 

QUINTO TOUR. 1995

Si el año anterior, los prolegómenos del Tour no hacían prever nada bueno, en 1995 los triunfos en distintas etapas de la Vuelta a Asturias, en la general de la Midi Libre y de la Dauphiné Liberé situaban a Indurain en un nivel superior al del resto de los rivales.

Conseguir su quinto Tour consecutivo, una gesta que no habían realizado nadie hasta la fecha, aparecía al alcance de la mano. El diseño de la carrera, que intentaba obstaculizar por todos sus medios al campeón navarro, ya no era amenaza suficiente para Indurain.

La etapa prólogo rompió los esquemas iniciales, ya que la lluvia afectó a los últimos corredores que tomaban la salida, lo que permitió que se vistiera de amarillo un Durand que no figuraba entre los favoritos. Miguel se conformó con esperar su oportunidad arropado por un Banesto que esperaba el momento oportuno para reconquistar un maillot que llevaban conservando en los últimos cuatro años.

La autoridad de Miguel se hizo patente en la séptima etapa, cuando a falta de 25 kilómetros para meta, se alió con Bruyneel en una escapada ganadora en la que consiguieron sacar 50 segundos al pelotón. El demarraje del líder sembró el desconcierto en todos los perseguidores, que se veían incapaces de mantenerle a raya antes de empezar los grandes puertos.

Al día siguiente, en la contrarreloj de Huy a Seraing apenas superó en 12 segundos a Rijs y en 58 a Rominger. Era tiempo suficiente para asentarse como líder de la general y afrontar Los Alpes de amarillo.

El derroche de esfuerzo de Alex Zulle en la subida a La Plagne, una gesta que dejó muy atrás a los favoritos, sólo le permitió asegurarse un puesto en el podio. El suizo apenas sacó unos segundos a Indurain, que había mantenido un ritmo constante a lo largo de toda la ascensión. Fue un momento clave de la carrera, en la que los grandes favoritos fueron conscientes de que ni con el máximo desgaste personal podrían superar al navarro.

Pocos días después, una escapada de Laurent Jalabert inquietó al equipo Banesto, que necesitó tirar a tope de su líder para neutralizar las diferencias. Fue de las pocas sorpresas que ofreció el quinto Tour consecutivo de Miguel Indurain.

En la contrarreloj de Lac de Vassiviere volvió a mostrarse la autoridad de Indurain en la contrarreloj. La victoria de la etapa sirvió para reforzar su liderazgo sobre Rijs y Rominger.

De esta forma, en los Campos Elíseos Indurain volvía a coronarse como el mejor ciclista del Tour de todos los tiempos, dejando a Alex Zulle a 4,35 minutos y a Bjarne Rijs a 6,47. Las diferencias de altura en el podio no manifestaban el abismo entre el gran campeón y sus perseguidores.